
A veces, siento que uno de mis pies - por desgracia, uno solo - pisa un camino diferente.Me quedo quieto, paralizado: es como si estuviese descalzo, como si ese pie no posase en la tierra; pero el otro tira de mí con su carga de años y vacilaciones y, aunque ese es mi más plenario deseo, no puedo encarrilarle por el camino otro: lo siento como ancla, como piedra atada a mi espíritu, y el primero vuelve a su estado de antes- y ambos se reconocen.
* Ángel Crespo
Bello texto. Y esas pisadas volátiles, tan dispersas, ¿hacia dónde irán?
ResponderEliminarUn abrazo