Bandadas de vencejos cruzan el cielo oscuro,
bordean la alta torre,
consiguen despistarme con sus vuelos erráticos
cuyo frágil destino desconozco.
Las campanas empiezan a sonar
y los vencejos fingen asustarse
con el estruendo, pero todo es juego,
y tragedia, y cabriola, y trazado de círculos
perfectos contra el gris
rojizo de agonía
del alto y ancho cielo.
El cielo ya está negro del todo. Entre las ramas
del limonero ríe y me deslumbra,
tan arriba, un lucero.
Amalia Bautista. Tres deseos. Renacimiento, 2010
* La foto es de Luis Matilla.

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