Desesperadamente, civilizadamente, conteniendo la risa, secándote las lágrimas, en el borde del mundo, al final del camino, oyendo como silban las balas enemigas alrededor y cómo cantan los ruiseñores, no lo dudes, hermano: abre todas las puertas. Aunque nada haya dentro. * Luis Alberto de Cuenca
No hay comentarios:
Publicar un comentario