La aurora extiende un velo de bruma por encima de los ríos y los lagos. Es un velo que se interpone entre el sol que se levanta y su reflejo que se extiende por la zona del aire que la rodea. Es su propio calor lo que hace imposible mirarla en el instante de su nacimiento. Jamás conocemos el principio de lo que comienza. Todas nuestras causas son recapitulaciones ficticias.
Pascal Quignard. Las sombras errantes. Trad. Manuel Arranz. Shangrila, 2022

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