El otoño se acerca con muy poco ruido: apagadas cigarras, unos grillos apenas, defienden el reducto de un verano obstinado en perpetuarse cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Acabamos de llegar de El Béarn, en los Pirineos Atlánticos franceses, y ya siento nostalgia de ese lugar en el que me gusta perderme cada año durante unos días.Sin móviles, ni internet, ni tv, en una finca de diez hectáreas en la que solo estamos 5 ó 6 personas- incluido el guarda-, algunos bichos inofensivos y muchos árboles, algunos enormes.A veces llueve y también cae alguna tormenta corta y ruidosa. Comidas ligeras, nada de tabaco, leer, dibujar, pasear, hacer fotografías..,disfrutar de un entorno único.Imprescindible para mí antes de empezar el nuevo curso.Cuestión de salud mental.